Dos pescadores aún ríen en Kraljevo desde mi visita. Ríen como niños grandes desencajados a horcajadas, henchidos de gozo. Esas dos carcajadas de espasmos descontrolados que comenzaron a agitarse y se desvanecieron en el margen derecho del río Ibar días atrás. Dos hombres de paso firme y confiado que resolvieron hundir su punzado tino en mi orgullo como una victima que arrincona a su ladrón. Aquella palabra que significa “pajarita” salió de sus bocas repetidas veces al verse enfocados por mi cámara como si ya conocieran mi indefensión. Una palabra que mi carpetovetónica garganta, curtida en un castellano de patatas bravas y potaje de garbanzos aún no ha logrado pronunciar correctamente en lengua serbia tras muchas desternillantes intentonas para regocijo de mis acompañantes serbios. Todo sea dicho… Dos pescadores rompieron el cenizo ambiente del río Ibar al ritmo de “Ptičica, Ptičica, Ptičica” tal como en nuestras tierras ibéricas suena el “patata, patata, patata…” ante la inminente fotografía; y mi cámara y yo ridiculizados por mi impertinencia y atrevimiento… “Ptičica, Ptičica, Ptičica”… seguirán aún repitiéndose los pescadores con sorna, y recordándomelo la hiriente compañía balcánica que busca rapiña entre mis debilidades.
domingo 27 de enero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada